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domingo, 3 de julio de 2011

Dónde el control

La escena lo dice todo: un grupo de chinos e hindúes discutiendo sobre el potencial de sus respectivos países para lograr y mantener elevadas tasas de crecimiento por largos periodos para transformar a sus sociedades. Dos naciones que llevan décadas creciendo con celeridad comparan notas y defienden sus formas de ser. La conferencia se acalora en momentos y a veces parece una confrontación no sólo de dos maneras de hacer, sino de dos formas de ser. Las dos economías han crecido a más del 7 por ciento por años, mas lo notable es la discusión sobre el potencial de continuidad. Observando el foro me sentí como Cantinflas en aquella película en que, sin darse cuenta, acaba sentado en una mesa llena de desconocidos y sólo puede preguntarse a sí mismo "¿y qué hago yo aquí?".

La discusión entre estos estudiosos y académicos asiáticos es interesante, además de reveladora. Pero, sobre todo arroja muchas enseñanzas para nosotros. La historia y circunstancias de esas naciones son diferentes a las nuestras, pero no dejan de ofrecer un contraste relevante para nuestro propio proceso. China ha seguido un impulso reformador a ultranza, motivado en buena medida por el temor de su élite política a perder el poder. El crecimiento económico ha satisfecho a su población y eso le ha permitido evitar cambios significativos, situación que le ha llevado a enfrentar cualquier desafío de manera desalmada. No ha habido obstáculo suficientemente grande porque la alternativa a reformar, parecen pensar, entrañaría el derrumbe del Gobierno. El caso de India es distinto: ahí, un país democrático, la aprobación de cada cambio ha requerido discusiones y votos legislativos que en ocasiones parecen tomar una eternidad. Pero una vez aprobados, gozan de plena legitimidad.

Nuestro caso es peculiar por una razón muy diferente: aun cuando gozó de pleno control, el sistema priista nunca tuvo la disposición a reformar, y ahora que vivimos en un contexto democrático no contamos con la capacidad o disposición a hacerlo. Ni fuimos exitosos cuando tuvimos un sistema similar al chino ni hemos podido serlo con un sistema semejante al hindú.

China e India están cambiando a paso acelerado, siguiendo dos caminos radicalmente distintos. Fiel a su historia de control centralizado, China ha logrado construir una estrategia de desarrollo desde la cima del poder. En sentido contrario, India es una nación compleja, caracterizada por centenas de etnias, religiones, tradiciones y partidos políticos que le imprimen dinámicas sociales y políticas muy diversas que han generado un sistema político descentralizado. El control en China yace en el centro, en India en la legitimidad del sistema en su conjunto. En nuestro caso el control se evaporó.

La afirmación que me pareció más poderosa en la discusión fue que el común denominador en ambas sociedades yace en el proceso de descolonización mental. Mientras que por décadas o siglos ambas poblaciones se vieron a sí mismas como víctimas de la explotación por parte de las potencias imperiales, su verdadera transformación yace en la liberación que han logrado sus poblaciones. Los hindúes, afirmó Gurcharan Das, autor de "India Liberada", "ya se quitaron de encima la mentalidad colonial y ahora sólo sueñan con ser ricos, pero, más importante, están seguros de que es posible lograrlo". Otro expositor describió a Radú como un joven que no quiere aprender ningún idioma excepto "Windows" y sólo le importa saber las 400 palabras clave para poder aprobar el TOEFL, el examen de inglés para quienes quieren ir a estudiar a Estados Unidos. Lo más importante: "La generación actual ya no ve al pasado como la era de grandeza, sino al futuro como fuente de oportunidades infinitas". El día en que nosotros logremos eso, "ya la hicimos".

China "tiene orden pero no legalidad porque las leyes siempre emanan del rey", en tanto que India "tiene demasiadas leyes pero no mucho orden, pero las leyes siempre están por encima del emperador". Con estas palabras, uno de los estudiosos chinos diferenció a esas dos naciones: China tiene una sociedad débil pero un Gobierno fuerte, en tanto que lo opuesto caracteriza a la India. El Gobierno chino liberó fuerzas y recursos para lograr elevadas tasas de crecimiento, en tanto que el hindú promedio funciona con una mano atada a su espalda por el poder de la burocracia y grupos de interés. Reformas iniciadas en los 90 abrieron oportunidades antes inexistentes que han hecho posibles tasas de crecimiento cercanas al 7 por ciento en promedio anual. Uno se pregunta qué pasará el día en que se liberen los hindúes de esas ataduras, porque al ritmo al que van arrasarán con todos los demás...

México no es igual a ninguna de esas dos naciones, pero ambas ofrecen lecciones que vale la pena entender porque no sólo explican muchas de nuestras limitaciones, sino que nos podrían ayudar a comenzar a enfrentarlas. El modo chino de actuar era posible en la era priista porque existía la capacidad de acción y la concentración de poder y recursos que lo hacían teóricamente posible. Sin embargo, nada de eso ocurrió, al menos no después de los 60. En lugar de reformar, nuestro camino fue el de retroceder, enquistar intereses y limitar el potencial de desarrollo, exactamente al revés que los chinos. El modelo hindú no ha impedido la adopción de reformas o su instrumentación. Lo que ambas naciones sí han tenido es un claro sentido de dirección en la cabeza de sus respectivos gobiernos.

Si hay una lección valiosa del caso hindú, ésta reside en que el factor medular de cambio reside en el liderazgo: la capacidad de sumar voluntades detrás de un proyecto transformador. En India el cambio ha sido modesto pero radical en sus consecuencias. Ninguna de éstas ha sido mayor que la que ha logrado cambiar las actitudes de la población. Una población deseosa de ganar tiene mucho más probabilidad de lograrlo. Por eso nuestro peor enemigo no reside en la parálisis política o legislativa (o, incluso, en las reformas mismas), sino en el pesimismo que ha sobrecogido a la población. En eso los chinos e hindúes tienen mucho qué enseñarnos.


Luis Rubio
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Hay quienes dicen que no se requieren las reformas estructurales, o que son un mito. Nada más falso. En México no se han hecho reformas estructurales de fondo en décadas. Quizá sólo el tratado de libre comercio y la libre flotación del peso pudieran considerar con grandes reformas. Pero mientras no se hagan todas, si sólo son parciales y con limitaciones, el sistema en su conjunto, la economía mexicana, no funcionará eficientemente.
Y no hay que descubrir el hilo negro, basta con ver los casos de éxito como India o China para saber qué necesitamos hacer. Romper con atavismos del pasado, con los monopolios, con las canonjías de sindicatos y grupos de poder. Pensar en el consumidor.

sábado, 2 de julio de 2011

Asociación Mexicana de Empresarios y Profesionistas Independientes AC

La AMEPI se funda para poder darle más visibilidad, más fuerza, a la voz de los empresarios y profesionistas de México que buscamos un país con mayor crecimiento económico, sin monopolios públicos o privados, y con mayores libertades para todos.

No nos consideramos el clásico empresario o profesionista mexicano que quiere que el Estado le de subsidios o proteccionismos mercantilistas que sólo perjudican a los consumidores. Al contrario, queremos un Estado con menos intervención en el mercado, con menos burocracia, que permitan a la sociedad civil poder crear las condiciones de crecimiento que el país necesita y que hoy no tenemos todavía.

Entre nuestros principales objetivos estarán presionar a los gobiernos y a los legisladores, de todos los partidos por las siguientes reformas estructurales:

- Reforma Laboral para imprimirle un mayor dinamismo a la creación de empleos. Una Ley Laboral que sea flexible y moderna, adecuada a los tiempos actuales.

- Reforma Fiscal Integral: Una verdadera reforma fiscal debe empezar por el lado de los egresos. ¿Qué es lo que el país requiere hacer para el bienestar general? ¿Qué actividades debe cubrir el Estado? Después de haber definido el nivel de gasto público, hay que definir como se va a financiar. Los impuestos deben fomentar la inversión productiva, la que genera riqueza y empleos. Por lo que debe enfocarse, entonces, en gravar el consumo principalmente. Y de manera generalizada. Los subsidios no deben ser generalizados pues benefician a quienes más consumen, los que más tienen. Y los subsidios no deben darse en el lado de los ingresos, sino por los egresos. De igual forma la reforma fiscal debe buscar reducir lo más posible la economía informal, por lo que debe incentivar a los organismos económicos a mantenerse en la legalidad.

- Reforma Energética: Deben terminarse de una vez por todas con los monopolios públicos, ineficientes, costosísimos, burocratizados, de CFE y PEMEX. No hay ninguna razón para mantener el monopolio en esas áreas. Solo encarecen la energía y hacen al país más incompetente contra el extranjero. La soberanía no radica en la propiedad de los activos, si no en el control de las reglas del juego.

- Reforma Política: Es urgente que ya pasemos de la partidocracia a una verdadera democracia. Para ello se requiere terminar con el monopolio de los partidos en la política. Cualquier ciudadano debe poder ser votado como lo garantiza la Constitución. Deben aprobarse también la reelección de legisladores, alcaldes, y gobernadores, para que sean evaluados. La segunda vuelta electoral en las elecciones de los ejecutivos. Un cambio en la forma en la que se eligen los legisladores plurinominales, de una lista generada por las cúpulas partidistas, a una lista creada por el IFE con los mejores segundos o terceros lugares. Facilidades para la creación de nuevos partidos políticos pero con reglas de crecimiento geográfico. Es más fácil para las nuevas organizaciones, pequeñas, empezar por un distrito o municipio, y después ir creciendo conforme vayan teniendo buenos resultados, que pensar que una organización puede ser nacional de la noche a la mañana.

Quienes integramos a la AMEPI pensamos que con estos cambios en las reglas del juego de la sociedad mexicana el país podrá crear acuerdos y crecer a tasas mayores, disminuyendo la pobreza en el mediano plazo. Sabemos que no hay soluciones mágicas, ni tlatoanis, mesías salvadores, que puedan arreglar las cosas de la noche a la mañana. Pero con reglas, leyes, que fomenten la inversión, la creación de empleos, que eliminen monopolios públicos y privados, la propia sociedad, principalmente la clase media que hoy somos mayoría, los pequeños y medianos empresarios, los profesionistas, podremos sacar al país adelante.

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