sábado, 10 de septiembre de 2011

Partidocracia ruin

Desde la reforma electoral de 1990 que creó el Cofipe e inició la construcción del IFE, en reemplazo de la Comisión Federal Electoral, se buscaba la consolidación de los partidos políticos en México. El IFE de 1991 fue un gran paso, pero seguía atado al Gobierno.

Fue hasta 1994 cuando aparecen los consejeros ciudadanos, para luego, en 1996 llevarse a cabo la reforma que le dio autonomía y que arrancó un proceso que le daría pauta a los partidos políticos para lo que hoy desafortunadamente padecemos: el secuestro político y de la política pública por parte de los partidos.

Y es que luego de numerosos años de debate, estas reformas parecía que podrían ser la forma de modernizar y legitimar el ejercicio del poder en México. Sin embargo, la llegada del financiamiento público a estos organismos y la ausencia de rendición de cuentas aparecieron de la mano como mecanismos de operatividad para los mismos. Ahí empezó la destrucción de los partidos políticos que hoy quiero destacar.

Con el financiamiento público a los partidos se defendía la no cooptación de dichas organizaciones a manos de los grupos de interés, económicos o incluso criminales que pudieran llevar sus intereses y no los de la sociedad a dominar la agenda de estos institutos políticos.

Se argumentaba cuando empezaron a fluir millones y millones de pesos a ellos que la madurez de estos partidos políticos mexicanos garantizaría las puertas abiertas para cualquier ciudadano al poder público y que ésta sería la mejor manera de transitar hacia la consolidación de nuestra democracia.

La historia de los partidos políticos desde entonces en México es lamentable. De manera casi mágica, se consolidaron en estructuras, oficinas y presupuestos, pero con ello bloquearon reformas que les exigían transparencia y rendición de cuentas y se cerraron al escrutinio público.

Hoy nadie puede responsabilizar a los partidos de la desavenencia política que vivimos. Por el contrario, éstos son controlados por pandillas de políticos que se mueven del Gobierno a los partidos y de los partidos al Gobierno. El reciclado es tal que parecen una nueva, distinta y distante clase de mexicanos.

He criticado en este espacio, en varias ocasiones, lo poco útiles que han resultado los partidos políticos para México. Hoy quiero enfatizar tres graves vicios que estos organismos tienen hoy y que si no se revierten, el País perderá años valiosos de desarrollo potencial y acuerdos para un mejor futuro.

El primer vicio es la poca claridad de objetivos. Hace 20 años uno podía fácilmente identificar las diferencias conceptuales y prácticas de los partidos en México. En aquel entonces, todos ellos se definían con claridad respecto a temas laborales, sobre los acuerdos de libre comercio, sobre la relación con Estados Unidos, sobre cómo los ciudadanos podían acceder a ellos y qué tipo de representatividad les ofrecían.

Hoy yo no puedo distinguir ni leyendo sus estatutos la diferencia entre un PRI, un PAN y un PRD o inclusive un Partido Verde o la cosa esa llamada Convergencia o Partido del Trabajo. La partidocracia tan aplaudida sólo por los políticos ha llegado a igualar a los partidos como institutos idénticos. Los partidos ocupan el poder para reciclar a los miembros de la clase política, pero no para tomar decisiones, no para gobernar.

La segunda depravación de los partidos tiene que ver con la mezcolanza entre los mismos y el Gobierno. Hace no más de 12 años se criticaba fuertemente que un político fuera a un evento partidario en horas de trabajo. Hoy usan recursos públicos para apoyarse mutuamente. Los partidos políticos se han convertido en oficinas del Gobierno y el Gobierno se ha convertido en sucursal de los partidos.

Tercero, los partidos requieren de servidores públicos corruptos para seguir ganando elecciones, pues ya no importan las ideas valiosas, sino qué tanto se puede comprar los votos por presión, precio o despensas.

Como cofradías de poder, el común denominador de los partidos es trabajar para quedarse en el poder, pero nunca para usar el poder en cumplimiento de las tareas de gobernar. Las reformas que el País necesita se aplazan convenientemente de acuerdo al calendario electoral y el calendario electoral es el que define las tareas económicas.

Una verdadera vergüenza es la colusión entre el Gobierno y los partidos políticos. Hoy evidenciada en Monterrey con paleros que aplauden a un Alcalde cuestionado porque les paga su sueldo o con reventadores de reuniones pacíficas también pagados por su Gobierno que buscan nulificar la libertad ciudadana de manifestarse en paz.

Urge emprender la competencia política sin recursos públicos, permitiendo la reelección de legisladores y Munícipes para que dejen de aliarse a su partido siempre, y por vez primera en la historia de México hagan alianza con la ciudadanía por el desarrollo de todos.

Vidal Garza Cantú
vidalgarza@yahoo.com
 
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Urge que pasemos de la partidocracia cerrada que tenemos a una verdadera democracia. La Reforma Política detenida en la cámara de diputados por el PRI y Peña Nieta no es la panacea pero es un primer gran paso hacia esa democracia. Quizá cuando haya menos partidocracia se den las otras reformas estructurales pendientes.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Competitividad

"La habilidad de aprender más rápido que tus competidores puede ser la única ventaja competitiva sustentable".
Arie de Geus

Es positivo que México haya logrado un avance de ocho posiciones en el informe anual de competitividad del Foro Económico Mundial. El nuestro es el país latinoamericano que más avanzó entre el 2010 y el 2011 al pasar de la posición 66 a la 58. Sin embargo, Chile, que perdió un lugar, se encuentra todavía delante de nosotros, en el lugar 31, mientras que Brasil, que subió cinco lugares, está también frente a nosotros en la posición 53.

El "Global Competitiveness Report 2011-2012" no es una Biblia. Muchos analistas cuestionan un índice que deja en el sexto lugar a Alemania y en el 26 a China, que algunos consideran como los países más competitivos del mundo por su capacidad exportadora. Algunos críticos sostienen que varios de los criterios del Foro son subjetivos. Sin embargo, el índice de Davos se ha convertido en el indicador de competitividad más consultado del mundo y este simple hecho le da fuerza porque se convierte en factor de decisiones de inversión.

El principal factor de competitividad de nuestro País es cuando menos paradójico: el tamaño de nuestro mercado. En este rubro estamos en el número 12 de los 142 países considerados. En términos de ambiente macroeconómico nos encontramos en el lugar 39, lo cual es un tributo a las sólidas políticas financieras y hacendarias de México en las últimas dos décadas. En refinación ("sofisticación") empresarial estamos en el lugar 56 mientras que en innovación alcanzamos el 63. Tenemos una buena preparación tecnológica, donde ocupamos también el puesto 63, y una infraestructura razonable, con la 66. También en salud y educación primaria estamos a media tabla, con la posición 69.

En otros factores México se encuentra muy rezagado. En instituciones, por ejemplo, ocupamos el lugar 103. En la eficiencia del mercado laboral tenemos un abismal 114 por nuestra ley laboral que parece hecha para restar competitividad al País y empobrecer a los trabajadores.

El País ha hecho reformas que han facilitado la operación y apertura de empresas, lo cual ha generado mejorías importantes en la competitividad. La persistencia de monopolios y oligopolios en sectores tan importantes como el petróleo, la electricidad y las telecomunicaciones es uno de los principales problemas en la competitividad. Las reformas fiscal, energética y laboral, en que tanto se ha insistido ante la resistencia de la clase política, ayudarían de manera muy importante a mejorar la competitividad y por lo tanto la prosperidad del País.

La falta de instituciones confiables, sin embargo, es un lastre demasiado pesado. El País no cuenta con leyes que permitan el cumplimiento de contratos, con policías que garanticen la seguridad de los individuos o con tribunales que den certeza para la realización de actividades empresariales.

Al final la visión que nos ofrece el "Global Competitiveness Report" no debería sorprender a nadie. El diagnóstico no es muy distinto al que muchos analistas han venido ofreciendo a lo largo de las últimas décadas acerca de la situación del País. Podemos objetar la manera en que el informe cuantifica y suma los factores o en la que nos compara con otros países del mundo, pero el diagnóstico general no está equivocado.

México ha mantenido sólidas políticas macroeconómicas que le han servido para aumentar su competitividad en los últimos años; pero la falta de instituciones, entre ellas de seguridad y justicia, así como de una legislación laboral adecuada, se han convertido en obstáculos que le hacen un enorme daño al País y a los mexicanos.

Repsol
La decisión de Pemex de aumentar de 4.8 a 9.5 por ciento su participación en Repsol es inteligente. La operación no cuesta casi nada, ya que los intereses del préstamo pueden cubrirse en buena medida con los dividendos de Repsol. La alianza con Sacyr le da a Pemex voz y voto en el consejo y permite disminuir la discrecionalidad con la que Antonio Brufau ha manejado Repsol desde los cargos simultáneos de presidente del consejo y director general.
 
Sergio Sarmiento
 
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Si realmente queremos que México crezca, sea competitivo, se reduzca la pobreza, se generen más y mejores empleos, tenemos que hacer las reformas estructurales. Eso es lo que propone la AMEPI, que se eliminen los monopolios públicos y privados que todavía existen, y que se hagan las reformas estructurales en materia fiscal, laboral y energética, así como un marco jurídico que de certeza a las inversiones y a la propiedad. En la AMEPI no pedimos subsidios ni tratos preferenciales del gobierno, tampoco acciones mercantilistas como devaluar artificialmente el tipo de cambio y/o elevar aranceles para beneficiar a los exportadores. En la AMEPI simplemente queremos que nos dejen trabajar, ser más eficientes y productivos, para generar más empleo en el país.
 
AMEPI, AC